Ángel Hidalgo, de 27 años y reciente ganador del Open de España en el DP World Tour, ha mostrado su lado más personal en la última entrega del podcast Life on Tour (presentado por Buffalo Trace). En una charla llena de humor, vulnerabilidad y autoconocimiento, el malagueño ha desgranado los momentos que han forjado su carácter y su carrera deportiva, revelando que incluso aprendió a hablar inglés viajando por el circuito.
Unos inicios marcados por unos palos robados y una lesión
El idilio de Hidalgo con el golf tiene un origen tan poco convencional como familiar. Su bisabuelo, que trabajaba como caddie, se llevó un par de palos que acabaron pasando a su abuelo y, finalmente, a su padre (también jugador profesional). A los dos años, Hidalgo ya tenía un palo en las manos y, desde entonces, el golf se convirtió en una obsesión. «No me imagino la vida sin jugar», comenta, confesando que incluso en vacaciones vuela con sus palos y que, habitualmente, el único día del año que no juega es el 1 de enero.
Aunque de niño también le gustaba el fútbol, una doble fractura de brazos en la adolescencia le hizo decidirse definitivamente por los greens.
El duro baño de realidad al hacerse profesional
A pesar de llegar a estar entre los 10 mejores amateurs del mundo, el salto al profesionalismo en 2018 fue un golpe duro para él. Tras no lograr clasificarse en la Q School ni para el Challenge Tour, tuvo que conformarse con el Alps Tour. «Pensaba que iría al Alps y ganaría tres torneos fácil […], pero fallé siete de los primeros ocho cortes. Pensé: «Dios mío, estamos en problemas», recuerda.
Tras dudar de su propio nivel durante un par de años, todo cambió en 2021 con victorias en el Alps y en el Challenge Tour. Sin embargo, Hidalgo confiesa que el día más importante de su carrera no fue el de un título, sino cuando consiguió la tarjeta del DP World Tour en Valderrama (2022). «Ganar es una locura, pero ese día en Valderrama hice mi sueño realidad. Lloré mil veces más que en Madrid», asegura.
Supersticiones, 12 horas de sueño y la llamada a su madre
Hidalgo es un jugador de rutinas inquebrantables. Tiene todo tipo de manías, desde qué hacer con sus bolsillos hasta no quitarse nunca el jersey a mitad de una ronda. Pero la más importante ocurre siempre en el tee del hoyo 1 de cada torneo: tiene que llamar a su madre todas las mañanas, sin importar en qué país esté ni el cambio horario. Solo hubo una excepción reciente: el domingo del Open de España, porque su madre estaba allí presenciándolo en persona.
Además, el golfista destaca por una inusual capacidad para dormir en el mundo del deporte de élite. Asegura que duerme una media de 12 horas por noche, incluso en semanas de competición. De hecho, antes de la jornada final del Open de España, durmió sus 12 horas y se dedicó a leer David y Goliat en la cama.
La gloria en Madrid y la resaca emocional
Ganar su abierto nacional frente a sus amigos, su familia y superando a un titán como Jon Rahm fue «el sueño de un niño» hecho realidad. No obstante, el malagueño experimentó un inesperado colapso emocional en los días posteriores. A la semana siguiente, mientras jugaba en el mítico Old Course de St Andrews, se dio cuenta de que se había quedado vacío. Al prepararse para un putt, le confesó a su caddie: «Amigo, tengo un problema. Me da igual si la meto o no».
«Amigo, tengo un problema. Me da igual si la meto o no». – Ángel Hidalgo
Hidalgo reconoce que después de Madrid se presionó demasiado a sí mismo para intentar estar siempre peleando por los títulos, lo que le hizo sufrir. Sin embargo, ahora ve las cosas con otra perspectiva: «Ese fue un año para aprender. Ahora me siento muy preparado, estoy pegando bien y tengo confianza. Solo necesito estar ahí los domingos, no necesito ganar por cinco golpes».