7 de abril de 2026

Historia de los triunfos españoles en el Masters de Augusta

En lo que Augusta se refiere, y más concretamente a la historia del Masters que se desarrolla en ese templo del golf americano desde 1934 y que acoge de nuevo otra edición entre el 9 y el 12 de abril, los golfistas españoles han tenido una involucración significativa, comenzando por la volcánica irrupción de Severiano Ballesteros en la década de los años 80, cuando el legendario jugador cántabro sumó dos triunfos en 1980 y 1983 que supusieron los dos primeros de los seis españoles que figuran en el palmarés de esta mítica competición.

SEVERIANO BALLESTEROS SE VISTIÓ DE VERDE EN AUGUSTA POR PRIMERA VEZ (1980)

El primer gran éxito de Severiano Ballesteros, en el Open Británico de 1979, tuvo una continuidad sorprendente en la primavera del año siguiente. En Augusta National se regalaría a sí mismo, cuatro días después de su cumpleaños, la chaqueta verde de campeón del Masters en su cuadragésimo cuarta edición. 

Severiano se convertía en el segundo extranjero en profanar el santuario de maestros norteamericanos, acompañando a Gary Player, erigiéndose a sus 23 años en el primer europeo que lograba la victoria en Augusta, abriendo la puerta a una era de dominio europeo hasta la irrupción de Tiger en 1997, con nueve victorias de jugadores del Viejo Continente en catorce años.

Su juego en Augusta, y su resultado, provocó un auge del golf europeo que tendría evidentes consecuencias en la Ryder Cup y en los torneos habituales del Circuito y, aunque la opinión estadounidense estaba dividida, no cabe duda de que Severiano demostró ser uno de los talentos más sobresalientes del golf mundial.

Esta vez el éxito de Severiano acalló muchas voces que restaban mérito a su triunfo en el British insinuando (o diciendo claramente) que la fortuna había sido determinante por la peculiar forma de llegar a la victoria, y que por ello tenía que demostrar su talla en América. El único golf de campeones, pretendidamente académico, era el que se practicaba en Estados Unidos, según los críticos con los triunfos del español. Pero llegó Severiano y con su chaqueta verde estableció nuevos parámetros y un nuevo orden mundial del que se beneficiaron los mejores jugadores europeos. 

En Augusta, el primer día, acabó compartiendo el liderato con Jeff Michell (que debutaba en el Masters) y el australiano David Graham, con 66 golpes, dejándose algunas oportunidades de birdie por el camino y fallando únicamente la calle del 2, par 5, en el que recuperó para sumar su primer birdie. 

Se mantuvo en cabeza tras la segunda jornada con un 69, con un golpe de genio en el 17… jugado desde el green del 7 por encima del marcador gigante para admiración y sorpresa de los presentes, entre ellos David Graham, que estaba en su green correspondiente. La situación se resolvió con el último birdie del día del español, que acabaría la jornada con tres golpes de ventaja sobre el propio Graham y Rex Caldwell, acumulando 9 bajo par a mitad de torneo. 

El cántabro aumentó su ventaja tras la tercera vuelta, en la que volvió a entregar una de las mejores tarjetas del día, ahora de 68, a pesar de un comienzo desalentador bajo la lluvia, con tres bogeys (el del 5 fue extraordinario, recuperando desde el barranco 20 metros por encima de los árboles) y un birdie en los cinco primeros hoyos. 

Lo siguiente fue espectacular: casi hace hoyo en 1 en el 6, casi hace eagle en el 8 y esos dos fáciles birdies le pusieron con -10 en el liderato, antes de encadenar tres birdies por los segundos nueve y acabar con birdie en el 18 para colocarse 13 bajo par y contar con siete golpes de margen al final del día. No podía soñar mejor escenario para la última vuelta, aunque Seve era consciente de lo imprevisible que puede resultar Augusta y, sobre todo, de lo decisivos que suelen ser los últimos nueve hoyos del torneo.

En la jornada final comenzó de forma arrolladora, con tres birdies en cinco hoyos que le colocaban con 16 bajo par, a un golpe del récord del torneo y disfrutando de una ventaja de diez impactos a falta de nueve hoyos. Pero llegaron los problemas: tres putts en el 10, agua y doble bogey en el 12, agua y bogey en el 13, con Jack Newton ya a solo tres golpes.  

Respiro en el 14 y, en el 15, con Newton de dos en green poniendo presión, Severiano, lejos de arrugarse, jugó como un campeón respondiendo con otro tiro a green, con una bandera muy esquinada a la izquierda, casi rodeada por agua. El español se aseguró un birdie que habría de ser decisivo, puesto que le proporcionaba cuatro golpes de margen con tres hoyos por jugarse. La tormenta había pasado. 

Los tres últimos hoyos tuvieron la historia de los vítores enfervorizados de los espectadores que habían presenciado un espectáculo único, en el que el español se había sobrepuesto al duro escollo en el que se había convertido su vuelta antes de acabar vistiéndose de verde tras finalizar aventajando en cuatro golpes a Gibby Gilbert y Jack Newton 

Era el más joven ganador de la historia, estuvo cerca de batir el récord del torneo (al final firmó el cuarto más bajo, tras Nicklaus, Floyd y Hogan) y confirmó que atraía como nadie desde la época dorada de Arnold Palmer. No cabe duda de que fue “su” Masters y no consintió que nadie le restara protagonismo a lo largo del torneo.  

Severiano Ballesteros demostró en el endemoniado campo de Augusta que había tomado el testigo de Arnold Palmer y de Jack Nicklaus. Del primero, ofrecía parecida espectacularidad y carisma; del segundo, inteligencia y control para consagrarse como el mejor jugador del mundo en esos momentos. Se dice que el primer “major” puede ser producto de la casualidad y que el segundo consagra al verdadero campeón. Severiano Ballesteros ya estaba consagrado.

SEVERIANO BALLESTEROS REPITE CHAQUETA VERDE EN AUGUSTA EN 1983

Severiano Ballesteros dominaba el mundo. Entre los años 1983 y 1988, el cántabro ganó tres “grandes”, más que ningún otro jugador en el planeta, en una época en la que únicamente otros dos jugadores consiguieron más de un triunfo en estas pruebas especiales: Sandy Lyle (un Masters y un British) y Larry Nelson (un Open USA y un PGA).

Nadie consiguió repetir victoria en ninguno de los “grandes”, excepto Severiano, que consiguió levantar dos veces el Open Británico. Pero es que, además, el español recibió finalmente el reconocimiento a su talento que le venían negando en Estados Unidos tras una convincente victoria en el Masters que le proporcionó su segunda chaqueta verde. 

El Masters de 1983, en el que Severiano Ballesteros logró su segundo triunfo en la prueba tras cumplir 26 años el segundo día de torneo, se convirtió en una edición con abundantes circunstancias destacadas, entre ellas el hecho de que por primera vez la final tuviera que desplazarse al lunes.  

Lo más destacable fue, sin duda, la propia victoria del español, que se convertía en el décimo jugador con más de una chaqueta verde y en el segundo extranjero (tras Gary Player) que lograba repetir victoria en Augusta National.

Lo cierto es que la semana no pintaba muy bien a causa de la lluvia y casi dejaba en un segundo plano el que, por primera vez en la historia, los jugadores pudieran llevar a su lado a su caddie habitual, sin estar obligados a utilizar los caddies del club. Este hecho tuvo su impacto contradictorio, ya que mientras Jack Nicklaus continuó aferrado a la tradición de contar con un ayudante local, George Archer, ganador en 1969, prefirió jugar con su hija Elizabeth, de 19 años, llevando la bolsa, convirtiéndose en la primera caddie femenina en la historia del Masters.  

Severiano tuvo una defensa de su primera chaqueta verde bastante deslucida, fallando el corte, pero en 1982 volvió a pelear por la victoria y sólo un golpe le separó de entrar en el play-off por el título que disputaron Dan Pohl y Craig Stadler, que acabaría vistiéndose de verde. 

Este hecho le permitía estar en el ramillete de favoritos a la victoria en 1983 y el cántabro se encargó pronto de confirmar sus aspiraciones. Tras la primera vuelta, en la que la lluvia estuvo presente de forma constante y en ocasiones de manera torrencial obligando a una suspensión de 40 minutos, Severiano se encontraba a un solo golpe del trío de líderes que formaban Ray Floyd, Gil Morgan y Jack Renner, todos con 67 golpes.  

Junto al español, con 68 impactos, estaba uno de los grandes ídolos americanos, Arnold Palmer, poniendo de nuevo sobre el tapete el evidente carisma de ambos por la facilidad de arrastrar masas que poseían y por el juego agresivo y espectacular que estas dos figuras hicieron popular. 

La segunda jornada hubo de aplazarse un día a causa de la lluvia, llegando a plantearse la posibilidad, incluso, de que no hubiera campeón del Masters este año, como insinuó Hord Hardin, presidente de Augusta, que se negaba a la posibilidad de proclamar a un ganador con menos de 72 hoyos de juego. Afortunadamente, a pesar de que el mal tiempo se mantuvo, dio una tregua y se pudo jugar el sábado, aunque no acabaran todos los jugadores su segunda jornada.  

Ya no estaba Jack Nicklaus, retirado por dolores en la espalda que le impedían hacer el swing, después del 73 con que abrió el torneo, y Gil Morgan mantuvo el liderato a mitad de torneo teniendo a un golpe a Severiano Ballesteros, que tuvo que pegarse un madrugón el domingo para acabar el hoyo 18 de la segunda vuelta. Seve volvió a jugar bajo par, esta vez con un birdie y dos bogeys en la primera mitad y con tres birdies consecutivos en los de regreso, todos ellos entre el 13 y el 15, aprovechando los pares 5.

Tras la tercera vuelta, Craig Stadler y Ray Floyd comandaban la tabla de los 49 jugadores que habían pasado el corte, pero Severiano, que volvió a dormir un par de horas después del madrugón, seguía amenazante, a un golpe de los líderes, a pesar de hacer tres greenes a tres putts que compensó un poco con el largo birdie que embocó en el mismo 18. Fue la peor tarjeta del español, de 73 golpes, de nuevo con un birdie y dos bogeys en la primera parte y una segunda con dos birdies y dos bogeys, sin que pudiera aprovechar como en la jornada anterior los dos pares 5.

No obstante, el español no fue el único que tropezó en esta tercera vuelta, en la que la media de golpes de quienes pasaron el corte era de casi cuatro golpes más que en la primera jornada. Morgan dejó de ser líder (76), Faldo dejaba definitivamente de ser rival (76), Payne Stewart tenía una jornada plagada de errores (78) y media docena de jugadores pasaron el corte sin poder romper los 80 golpes. 

Comenzaron las suposiciones de triunfo entre cuatro poseedores de la chaqueta verde: Stadler estaba muy bien colocado para ser quien igualara a Nicklaus ganando dos años consecutivos; Watson, ganador de dos ediciones en cuatro años, estaba a dos golpes del primer puesto; Floyd tenía el resultado más bajo de la prueba, junto a Nicklaus; y Severiano era el ganador más joven en la historia del Masters. Difícil quiniela…

Pero Severiano desmontó pronto la tragicomedia de los pronósticos. “Después del eagle de Severiano, era como si con un Chevrolet quisiéramos alcanzar a un Ferrari”. Esta expresiva comparación de Tom Kite resulta suficiente para entender el fuerte impacto que causó en sus rivales el comienzo de Severiano en la final: birdie-eagle-par-birdie. El español, que había pronosticado que el torneo se ganaría con 8 bajo par, ya estaba 9 abajo.

Sus rivales no pudieron reaccionar. Floyd sumó su único birdie del día en el 17; Stadler únicamente pudo arañar dos birdies en su vuelta y solo Watson, con el eagle del 8, constituyó una posible amenaza al nuevo éxito de Severiano. Sin embargo, Ballesteros mitigó ese peligro con un nuevo birdie, en el 9, que le daban un margen de tres golpes, y los tres bogeys consecutivos del norteamericano en el 9, 10 y 11 restablecieron la tranquilidad que acabó por rematarla el doble bogey de Watson en el 14, donde el margen del español era ya de cuatro golpes. 

De poco sirvió a sus rivales que Severiano fuese al bunker en el 10 (bogey) y fallase el green del 12 (otro bogey), porque se aferró a su convicción de que “en este campo no se puede atacar; si juegas de forma agresiva puedes arruinar tu vuelta” y se mantuvo cumpliendo el par sin demasiadas complicaciones en los seis hoyos de cierre, con el lujo de embocar un chip desde fuera en el 18, aunque no lo necesitaba para ganar, puesto que acabó ganando por cuatro golpes a Tom Kite y Ben Crenshaw, que compartieron la segunda plaza. 

Los cuatro primeros hoyos (“los más importantes de mi vida”, aseguraría) le dieron la confianza suficiente para manejar la vuelta y acabar enfundándose la segunda chaqueta verde. Severiano volvía a convertirse en leyenda, con tres ‘majors’ en cinco años.

Una semana que empezó con lluvia, que amenazaba con acabar la competición sin ganador, terminó con Seve arrasando el campo por segunda vez en cuatro años y los americanos, tan reacios normalmente a entregarse a un ídolo que no sea de su nacionalidad, terminaron en su mayoría cediendo ante la genialidad del campeón español, que entraba de forma perpetua en la historia del Masters.

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