Desde su marcha a LIV Golf, Jon Rahm ha normalizado un discurso de enfrentamiento constante, presentándose a menudo como una víctima injustamente tratada. Sin embargo, un análisis de sus recientes decisiones sugiere que el jugador español se niega a asumir la responsabilidad de las circunstancias en las que él mismo se ha colocado.
El conflicto con el DP World Tour
La situación más reciente ha ocurrido antes del torneo de LIV que debe disputarse esta semana en Hong Kong, donde salió a la luz un acuerdo entre el DP World Tour y ocho jugadores de la liga saudí.
- El pacto resuelve las multas y pone fin a las acciones disciplinarias por violar los reglamentos del circuito europeo.
- Los términos exigen que los golfistas jueguen un mínimo de seis eventos en el calendario europeo.
- Los jugadores pueden elegir libremente cuatro de esos torneos, mientras que el circuito decidirá los dos restantes.
Jon Rahm fue el único jugador que anunció públicamente que rechazaba estas condiciones. El español argumentó que no estaba de acuerdo con que le dictaran dónde debía jugar dos de esos torneos, llegando a calificar la exigencia como una extorsión. Esta postura resulta irónica y contradictoria, ya que Rahm firmó un contrato con LIV Golf en el que renunció a su libre elección, permitiendo que esta liga le dicte dónde debe jugar durante 14 semanas al año.
Un historial de exigencias
El rechazo a este acuerdo es solo un ejemplo más de una larga lista de desacuerdos sobre cómo las instituciones del golf aplican sus normas:
- El Ranking Mundial: Rahm se quejó de que el Official World Golf Ranking no trate a LIV igual que al resto de circuitos, considerando injusto que solo se otorguen puntos a los 10 primeros clasificados en sus torneos.
- Los Majors: El golfista exigió que los campeonatos más importantes reserven entre 10 y 15 plazas automáticas exclusivas para los jugadores de LIV.
- El PGA Championship 2024: Mostró su descontento al escuchar que estaba en el «otro lado» frente al PGA Tour, considerándose todavía un miembro a pesar de haber sido suspendido por irse a la competencia.
La Ryder Cup en la cuerda floja
Al negarse a pagar multas que un panel de arbitraje consideró legítimas y rechazar un trato diseñado para acabar con la disputa, Rahm se aferra a la creencia de que nada ha cambiado en su relación con el DP World Tour. Sin embargo, el circuito europeo tiene el derecho de protegerse ante una liga competidora que intenta quedarse con su negocio.
Esta obstinación podría costarle muy caro: su plaza en el equipo europeo de la Ryder Cup. Si Rahm confía en que Europa cederá a sus términos por miedo a perderlo para la edición de 2027, probablemente sea una apuesta perdedora. No contar con él sería perjudicial, pero no fatal para el equipo. De hecho, la historia del golf ya vivió algo similar en 1981, cuando Seve Ballesteros, ídolo de Rahm y un jugador aún más vital para el equipo en aquel entonces, se quedó en casa por sus propias disputas.
Permitir que esta situación escale de esta manera sugiere que Rahm está recibiendo malos consejos, o bien, está optando por ignorar los buenos.