Cuando uno llega a Augusta, se adentra en otro mundo, se respira otro aire: la tranquilidad, la paz de sus anchas avenidas, de sus casitas bajas enarbolando la bandera de Estados Unidos junto a la de Augusta National. Pero este no es un Masters normal como otros tantos. La guerra que mantiene EEUU contra Irán marca los informativos, la crisis económica mundial marca los precios (aunque en las tiendas de Augusta siempre han sido altos), la salida de Tiger del golf —retirada parcial tras los últimos penosos acontecimientos— y su ausencia de la Cena de Campeones es un rumrum silencioso del que parece que nadie quiere hablar, pero que está ahí. Y la considerable presencia de jugadores del LIV Golf también es motivo de comentarios y columnas periodísticas.
Son diez los jugadores del LIV, de un field de 91, y algunos entran en las apuestas de posibles ganadores, como Jon Rahm o Bryson DeChambeau. Son menos que en la edición de 2023 (18), aunque entre ellos hay cinco ganadores del Masters: Rahm (2023), García (2017), Dustin Johnson (2020), Bubba Watson (2012 y 2014) y Charl Schwartzel (2011).
La verdad es que es un lujo tener a tres Chaquetas Verdes españolas en el Masters. El más veterano, José María Olazábal, es toda una institución en Augusta, al que le siguen miles de aficionados, aun en sus rondas de prácticas.
“Es un privilegio poder volver cada año a Augusta. Estar aquí, con este público, en este campo que tantas alegrías me ha dado. Me siento feliz, aunque es verdad que mi juego, sobre todo con los hierros, no está siendo lo satisfactorio que me gustaría. Es un campo muy largo que prima a los potentes pegadores y yo no estoy en ese grupo. Es verdad que el juego corto alrededor del green me está dando buenos resultados las últimas semanas, pero aquí estoy en desventaja con los grandes pegadores”, comentó José Mari, a quien se le ve feliz y positivo.
“Estar aquí ya es motivo de felicidad y seguiré viviendo mientras mi golf me lo permita”, comenta el vasco que aún recuerda aquel Masters de 1986 que ganó Jack Nicklaus, y que Augusta celebra este año, aunque también con pena porque se le escapó la victoria a Seve Ballesteros (dos Eagles en el 8 y 13 lo habían colocado de colíder, pero su bola al agua del 15 y el tripateo en el 17 lo alejaron de Nicklaus. Terminó cuarto a dos golpes del ‘Oso Dorado’).
“Fue un Masters de sentimientos encontrados.” Sentí pena por Seve, que estuvo muy cerca de ganar su tercera Chaqueta Verde. Aunque también alegría por Jack Nicklaus; no es fácil ganar con 46 años y su sexta Chaqueta. Fue extraordinario. Son esos momentos que te da el golf. Como la victoria de Gary Woodland la semana pasada, después de superar un tumor en la cabeza. Es la grandeza de este deporte, que te da longevidad, ¡aunque uno no se sienta tan joven!”, añadió Olazábal.
Sergio García también pasó por los micrófonos de Augusta, tras jugar el domingo 18 hoyos y este lunes los 9 primeros.
“Augusta está como siempre: espectacular. A ver si el tiempo nos acompaña este año y jugamos este augusta que todo el mundo espera, largo y de grenes duros y cristalinos. Aunque la verdad mi juego no está para tirar cohetes. Tuve un excelente principio de año, pero aún no estoy fino con mi juego. Si supera qué es lo que falla, ya lo estaría arreglando”, comentó el castellonense.
Jonh Daly se reubica
Por cierto, no todo es perfecto en Augusta. El emblemático restaurante Hooters, toda una referencia en Washington Road (el de las camareras con tres tallas menos en la ropa), donde cada domingo los caddies celebraban la victoria de su jugador (las rondas corrían a cargo del caddie ganador), ya no existe. Fue demolido el pasado mes de julio. Toda una institución que nos ha dejado. Aunque John Daly ha encontrado otro lugar en frente, Top Dawg Tavern, para instalar su merchandising y deleitarnos con su guitarra y su voz por las noches.
