15 de julio de 2026

Historia de los triunfos españoles en The Open (y III)

  • El cántabro resistió como nadie las condiciones climatológicas, las dificultades del campo y la presión de la competición.

El Open Británico 2026, que se celebra en el afamado recorrido de Royal Birkdale entre el 16 y el 19 de julio, contempla en su extenso palmarés tres victorias conseguidas por Severiano Ballesteros que contribuyeron decisivamente a situarle en la cúspide del golf mundial.

Alcanzada ahora la edición número 154 de The Open, nunca está de más rescatar de la memoria la impresionante gesta del genio cántabro, que comenzó en 1979, continuó en 1984 y concluyó en 1988, elevando con orgullo el célebre trofeo de campeón.

La gesta del tercer Open Británico de Severiano Ballesteros

Severiano Ballesteros ganó el Open Británico de 1979 en Royal Lytham & St. Annes y, cuando llegó al mismo escenario para disputar la 117.ª edición del Open Británico en 1988, muchas cosas habían cambiado en el palmarés del campeón español. Ahora contaba con cuatro títulos del Grand Slam, había sido número 1 del ranking mundial creado en 1986, había liderado el Orden de Mérito Europeo en cuatro ocasiones y contaba con casi medio centenar de victorias entre Europa y Estados Unidos.

A pesar de llevar cuatro años sin poder celebrar un éxito en ninguno de los “grandes”, el cántabro era uno de los favoritos para ganar esta nueva edición, ya que no se olvidaba que en los últimos 15 “majors”, desde su victoria en el British de 1984, había terminado ocho veces entre los diez primeros, con dos segundos puestos y un cuarto en el Masters, un tercero y un quinto en el Open USA y un quinto en el PGA.

El cartel de favoritos lo completaban Nick Faldo, defensor del título, Sandy Lyle y el norteamericano Curtis Strange, que se quedó el año anterior en puertas de superar el millón de dólares en premios a lo largo de la temporada.

Pero Severiano fue, finalmente, quien más y mejor resistió las condiciones climatológicas, las dificultades del campo y la presión de la competición, logrando una victoria plena de seguridad y control, con diez golpes menos en los 72 hoyos del mismo escenario e igualando la tarjeta más baja del campeón para ganar el Open Británico.

Comenzó el torneo de una manera brillante, con birdie en los tres primeros hoyos y dos más en los dos pares 5. En la segunda parte, mucho más dura, Severiano mantuvo su envidiable maestría para acabar cediendo solo dos bogeys (hoyos 14 y 18, en ambos casos con la bola injugable) y firmar 4 bajo par en una jornada extremadamente dura por el fuerte viento, en la que se estimó que el par habría estado en 75 golpes. Al final, lideraba el torneo con sus cuatro golpes bajo par, con dos de margen sobre el australiano Wayne Grady y el norteamericano Brad Faxon.

En la segunda jornada mantuvo su buena posición (aunque no el liderato) con una tarjeta de 71 golpes, siendo superado por Nick Price, que aprovechó el tiempo favorable por la mañana para firmar 67 golpes y comandar la prueba con cinco bajo par. A mitad de torneo, Severiano estaba a un golpe del líder y superaba en dos a Nick Faldo y en cuatro a Curtis Strange y Sandy Lyle, por citar a los favoritos previos.

La mañana del sábado se presentó lluviosa, pero el agua se prolongó a lo largo del día y anegó varios greenes y calles, provocando suspensiones que desembocaron en la cancelación definitiva de una jornada en la que nadie pudo acabar los 18 hoyos, aunque hubo un jugador especialmente perjudicado: Hubert Green, que había hecho cinco birdies en los siete primeros hoyos y se encontró con que la vuelta no había existido.

Se concluye la competición en lunes por primera vez en la historia

La primera intención fue la de jugar 36 hoyos el domingo para no perjudicar los planes previos de jugadores, público y televisión, pero por la tarde se hizo oficial la decisión definitiva: el campo no podría estar en condiciones de juego hasta mediada la mañana del domingo y, en consecuencia, la final del torneo habría de disputarse el lunes, por primera vez en la historia del Open.

La tercera vuelta siguió presentando como líder a un Nick Price que había aprendido la lección de 1982 (cuando prácticamente entregó el torneo a un Tom Watson mucho más maduro) y se mantuvo sólido en la primera posición que había conquistado en la segunda jornada. Además, con una tarjeta de 69 superó en un golpe a Severiano, estableciendo una diferencia de dos impactos de cara a la final sobre el propio Ballesteros y sobre Nick Faldo, que con una vuelta de 68 había empatado con el español. Sandy Lyle, con la mejor vuelta del día (67), se colocó amenazante con un golpe más.

Como se ve, los favoritos estaban en su sitio antes de la final, con la competencia añadida de un inesperado Price, al que nadie daba mucho crédito en su segundo intento por conquistar el British a pesar del margen favorable con el que salía.

Quedaba la traca final, ese lunes 18 de julio donde se presenció una de las finales más brillantes del Open Británico, con Severiano y Price de protagonistas, que recordaba la primorosa lucha entre Watson y Nicklaus en 1977, tantas veces citada como modelo de final irrepetible.

Lyle comenzó a pinchar mediada la jornada, viendo lo inaccesible que resultaban Price y Seve, mientras que Faldo también se quedó a medio camino, defendiendo el título sin dar señales de poder renovarlo después de rubricar tres putts en el 7, mientras sus grandes rivales habían hecho eagle.

A partir de ese momento, el mano a mano entre Price y Severiano fue glorioso tras empatar en cabeza con el birdie del español en el hoyo 8 y mantener la igualdad en el 10 con otro birdie de Severiano. Por fin, en el 11, con otro putt largo, Ballesteros tomó el testigo del liderato tras una racha impresionante en la que había ganado seis golpes al campo en seis hoyos, del 6 al 11.

En el 12 el español no pudo hacer par y volvió la igualdad en el marcador (Price rozó el birdie); en el 13, Severiano mantuvo el empate con un putt largo que equilibró el birdie de Price desde menos de un metro; igualaron con error de ambos en el 14 y se mantuvo el equilibrio con el par de los dos en el 15.

Y llegó el hoyo 16, famoso por su golpe desde el aparcamiento en 1979, que este año no se podía repetir porque esa zona se había declarado fuera de límites. Esta vez Severiano dio dos golpes de los que le diferenciaban de todos los demás: un hierro 1 al centro de la calle y un hierro 9 que dejó la bola a escasos centímetros del hoyo y le aseguraba el sexto birdie del día, logrando de nuevo el liderato en solitario por un golpe.

En el 17 se pudo decidir el título porque Price arriesgó, aunque pudo terminar cumpliendo el par, por lo que en el tee del 18 se comenzaba el juego con mínima ventaja de Severiano. La sentencia llegó tras otro golpe impresionante de Ballesteros, un chip mágico de tercer golpe en el 18 que botó en green y rodó mansamente hasta morir a un palmo del hoyo, garantizándole el par necesario para asegurarse el éxito.

Price se jugó la última baza de forzar un desempate con un larguísimo putt que rebasó demasiado el hoyo y le condenó a un bogey final. Pero esta vez fue un rival de mérito que jamás volvió la cara, que nunca se rindió ni entregó el torneo: en la misma secuencia del 6 al 11, Price también había ganado cuatro golpes al campo.

Severiano Ballesteros logró su tercera victoria en diez años en el Open Británico, su quinto “major”, tras la emocionante jornada final vivida contra Nick Price, que obligó al español a necesitar 65 golpes en la final para ganar. Una tarjeta que igualaba el récord del campo en el Royal Lytham, donde sumó dos de sus tres jarras de plata, igualando la tarjeta más baja del campeón en la última jornada, establecida por Watson en 1977.

Severiano hizo gala de una confianza resquebrajada desde los Masters de 1986 y 1987,  pero supo reconocer la dificultad de su victoria por el juego de su rival: “Ha jugado como un campeón. Es una pena que solo uno pueda ganar, porque él también ha merecido el título”. Luego valoró su rendimiento en la final diciendo que “he jugado tan bien como posiblemente puedo jugar. Ha sido una de esas vueltas que haces cada 25 o 30 años, seguramente la mejor vuelta de mi vida”.

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